miércoles, 3 de octubre de 2007

LED. La Era de la Discrepancia.


LED propuso una vía de acción disidente más allá del arte, discrepo de las formas establecidas situadas en los periodos críticos simbolizados por asesinatos masivos, alzamientos populares, tratados comerciales unilaterales, caídas en el sistema gubernamental izquierdista, reformas político-electorales, debacles económicas, así como del periodo incubatorio de la globalización; todas ellas, razones que disentirían al nuevo artista de finales de los 60´s.

De cualquier modo no se puede hablar de limitaciones sistemáticas gubernamentales conexas a las causas sociales de la época que hayan frenado dicho movimiento, por el contrario, las mismas causas sirvieron para alistar una nueva propuesta artística que se dio a la búsqueda de representaciones culturales independientes al sistema represivo, donde las nuevas propuestas se basarían en la fórmula de importación de estilos y modelos; a pesar de ello, se logró un distanciamiento totalitario con respecto del arte nacionalista políticamente alineado, así como del formalismo internacionalista experimental.

La más clara muestra de esta corriente se origina con David Alfaro Siqueiros, quien da la bienvenida a la discrepancia, enfatizando una demanda de soluciones humanistas a los jóvenes, a partir de un recurso idealista que permitiera plasmar la presencia del hombre. [Documental de Raúl Kamffer (“Mural Efímero, 1968-1971”)]. A partir de esa premisa, el trabajo colectivo de los GRUPOS destaca como una honrosa excepción, tanto de importación de estilo, como de sujeción a parámetros de arte nacionalista.

LED cierra el círculo histórico en una fecha anodina y bajo el peso de un hecho histórico innegable, donde se percibe un arte “rebelde”, que discrepó ayer, y que en la actualidad vende. El fin de la discrepancia marca tanto el principio de una era de liquidez de valores como la liquidación de la rebeldía, aún cuando permanece la premisa: ¿de donde surge la idea conceptual de los objetos presentados?; con ello permanece un legado que permite replantear un momento decisivo en la historia visual mexicana, donde la única enmienda del investigador será crear parámetros para realizar futuras investigaciones.

De la muestra; ahondando en la sección MARGENES CONCEPTUALES, el tema inexpulgablemente ofrece un panorama entorno a la fructífera investigación que se planteó desde el punto de vista de Vicente Rojo, quien logra consagrar en 1968 las estrategias museográficas propuestas por Duchamp, al fabricar un libro-maleta compuesto por una diversidad de ilustraciones sueltas, folletos y una versión del Gran Vidrio; así como su creación, Discos Visuales, que deriva poemas a partir de la interacción diagramática del diseño y la letra.

El Libro de Artista, a pesar de su poca difusión, se fortalece gracias a la creación de colectivos y asociaciones (Ediciones La Cocina de Yani Pecanins y Gabriel Macotela) que muestran su trabajo en pleno desarrollo conceptual, pero que ostentan un gran contexto que aseguró los medios preponderantes de activismo artístico basados en discursos filosóficos, poéticos, así como de género. Otro ejemplo como reacción a la dinámica política, es Magali Lara, quien produce discretos libros-objetos de meticulosa hechura y activa un circuito informal de mujeres creadoras para dar una identidad acertada hacia el feminismo.

Cabe citar que México fue una isla de la periferia artística que apostó y ubicó al Libro de Artista como el medio más cosmopolita del arte local, estableciendo una interacción sincrónica con las ramificaciones del FLUXUS inglés y algunos desprendimientos neovanguardistas de Europa, América y Asia; dignos de retomarse como investigación.


Felipe Marz 2007.

No hay comentarios: